Sitio oficial de Quino
jueves, 9 de febrero de 2012
Maestro de la narrativa sin palabras
Sitio oficial de Quino
miércoles, 8 de febrero de 2012
Un creador de belleza y poesía, el músico que nos acompañó toda nuestra vida.
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Alma de diamante
martes, 3 de noviembre de 2009
UNA ESCRITURA QUE EMPRENDE VUELO
Me abrigué y salí a caminar, tal vez me surgiera alguna idea... caminé como una hora. Mirando la ciudad, tan sucia como siempre, pensar que todo es por culpa nuestra... los autos con tanta brutalidad, sin respetar nada y la gente tan apurada... como si se fuera a acabar el mundo...jueves, 16 de julio de 2009
UN CUENTO PARA LAS VACACIONES
Hacía mucho tiempo que no escribía para los chicos; ahora, llevada por una propuesta que recibí, he vuelto a transitar por este género, que otra vez compruebo que es de los más difíciles. Si alguno de ustedes se aventura a compartirlo con los gurises que tiene cerca, le agradecería que me cuente cómo resultó.LOS MIL COLORES DE TOMÁS
Cada vez que Tomás debía realizar un dibujo para la escuela, le pedía ayuda a la mamá o a Martina, su hermana mayor, y cuando ellas no tenían tiempo para darle una mano, lo calcaba. Así, si la maestra le daba de tarea que ilustrara un cuento, él buscaba y buscaba en los libros y en las revistas hasta que encontraba alguna imagen que le gustaba, entonces apoyaba sobre el dibujo la hoja transparente y recorría su contorno con la punta afilada de un lápiz. Casi siempre las copias le salían bastante bien, aunque a veces una línea se le desviaba o la imagen tenía tantos firuletes que era muy difícil seguirlos con el lápiz. La cuestión es que Tomás nunca se animaba a dibujar nada sin ayuda. ¿Por qué se preguntarán ustedes? Porque Tomás pensaba que dibujaba muy mal.
Pero no siempre había sido así. Su problema había comenzado cuando Tomás quiso dibujar a Gael, su gato. Para Tomás Gael era tan importante que en lugar de pintarlo de color gris, lo hizo de color naranja para que se destacara sobre la hoja blanca y brillara más que el sol que colocó en una esquina del papel. Cuando Martina vio el dibujo, se rió y le dijo:
-¡Pero dónde viste un gato naranja!
Entonces Tomás dobló el retrato de Gael y lo guardó en un cajón del escritorio, en lugar de colgarlo en la pared de su cuarto como había planeado.
Otra vez dibujó los regalos que había recibido para el cumpleaños. Su abuela le había obsequiado un microscopio porque Tomás deseaba investigar cómo estaban formadas las flores, el agua, un mosquito; todo, todo Tomás quería saber cómo era por dentro. Estaba tan contento con su microcospio que lo dibujó más grande – como cinco veces más grande- que el metegol que le había traído su tío. En esa oportunidad, fue su primo Joaquín quien se burló:
-¡Tía, tía- empezó a gritar- tenés que comprarle anteojos a Tomás porque a lo chiquito lo ve grande y a lo grande chiquito!
Es evidente, le dijo a Gael una tarde de lluvia que los dos miraban televisión, que yo no sé dibujar, me voy a tener que dedicar a otra cosa, por ejemplo, podría ser aviador o escalador de montañas. Y había sido así que Tomás no volvió a dibujar nada sin copiarse o sin ayuda. Pero una mañana, fue a la biblioteca de la escuela a devolver un libro y desde ese momento todo cambió. Sobre el escritorio de Valentina, la bibliotecaria, había un libro grande, de tapas duras y brillantes, con un dibujo que lo dejó maravillado: una paloma con las alas extendidas atravesaba un cielo estrellado y su cuerpo... su cuerpo no era de plumas sino que estaba formado por nubes, unas nubes tan blancas y suaves que daban ganas de tocarlas.
-¿Quién hizo este dibujo tan hermoso?- le preguntó Tomás a Valentina.
-Un pintor que se llamaba René Magritte
Tomás comenzó a hojear el libro y lo que vio hizo que algo muy tibio se posara sobre su corazón porque René se parecía a él: no dibujaba las cosas como eran en la realidad, sino que las dibujaba como las sentía.
-¿Querés llevarlo?- le preguntó Valentina
-¿Puedo?
- Claro- le respondió la bibliotecaria.
Cuando Tomás devolvió el libro de Magritte, Valentina le prestó uno sobre un pintor que se llamaba Joan Miró, y después otro de Pablo Picasso y de Antonio Berni y de... y de... hasta que Tomás leyó todos los libros sobre pintores que había en la biblioteca y a pesar de que en ellos descubrió que sus amigos -sentía a esos pintores como verdaderos amigos- dibujaban y coloreaban con toda libertad, sin miedo de que se rieran de ellos, todavía no se animaba a volver a dibujar.
Un día Tomás fue a pescar con su papá, salieron bien tempranito. Era tan temprano que las luces de la calle todavía estaban encendidas y el rocío humedecía el asfalto. Cuando llegaron, mientras su papá preparaba las cañas, Tomás se sentó en la orilla del río, entonces vio como a su alrededor todo comenzaba a transformarse. El sol se asomó en el horizonte y subió, subió tiñendo al cielo de fuego; el agua se volvió dorada; los pájaros comenzaron a trinar; el verde de los árboles se iluminó. Era lo más extraordinario que había visto en su vida. Guardó la imagen en sus ojos, en su corazón. Pensó en Miró, Magritte, en Berni...
Esa noche, Tomás agarró una hoja, sus lápices de colores y pintó el río, el cielo, a los pájaros, al sol apareciendo detrás del agua. Y se dibujó a sí mismo mirando el amanecer; sus ojos, que eran verdes, los hizo del color del fuego con reflejos dorados como los del agua. Después, colgó el dibujo en una pared de su habitación sin importarle nada, nada, si alguien se reía de él.
martes, 17 de febrero de 2009
TRES CUENTOS TRES
Era el mes de diciembre y transitábamos con los chicos de 1º año del Polimodal esa especie de limbo que se produce luego de las evaluaciones integradoras de fin de año y la terminación de las clases. Es el período en el que no se puede iniciar un tema nuevo y los alumnos tampoco están dispuestos a realizar ningún esfuerzo porque las notas ya están cerradas. Por ese motivo, decidí que leyéramos sin ningún objetivo didáctico manifiesto, sino simplemente por el tan trillado "placer de leer". Entonces pedí en la biblioteca el libro "Cuentos para seguir creciendo para los estudiantes que terminan la Educación Secundaria" publicado por la Campaña Nacional de Lectura del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la República Argentina que fue distribuido a todas la escuelas del país con el propósito de que se le entregara un ejemplar a cada estudiante que terminaba la escuela secundaria, pero que en realidad en muchos casos fueron archivados en las bibliotecas de las instituciones. - "Sensible perdid" de Luis María Pescetti
- "Juan el tonto" rescatado de la tradición oral por Paulina Martínez, Eva Rey y Pirucha Romera.
- "El día que no existan más ratones" de Paula Margules
Elegí estos textos porque los tres -con estilos y sentidos notablemente diferentes- tienen como recurso literario en común el juego con el lenguaje, demandando para su interpretación diferentes estrategias de lectura.
Mi sorpresa fue la forma en que se divirtieron los chicos y las ganas con las que pasaron de un cuento a otro esperando una nueva sorpresa lingüística.
¿Qué hicimos después de cada lectura? Nada, simplemente los comentamos y destacamos los aspectos más significativos de cada cuento.
El resultado fue que varios chicos pidieron el libro prestado para leerlo en los recreos; ya que la escuela no permite que la biblioteca realice préstamos domiciliarios. Fue más de lo que había logrado en todo el año.
Luego de esta experiencia, para comenzar el ciclo lectivo de 2009 con alegría, decidí leer estos cuentos durante la primer semana de clases, en lugar de hacerlo en diciembre. Me parece que son textos que permiten que los chicos inicien el año vinculándose positivamente con la lectura y la materia, por este motivo los recomiendo.
Aquí podés leer los cuentos mencionados:
domingo, 25 de enero de 2009
NARRADORAS columna de María Teresa Andruetto
En el suplemento Cultura del diario La voz del interior de la provincia de Córdoba (Argentina) todos los jueves María Teresa Andruetto nos cuenta sobre las mujeres que batallaron o batallan con la escritura. En primer lugar, la columna resulta interesante porque se trata de escritoras que si bien se destacan por la calidad de su producción, no alcanzaron el reconocimiento masivo; en segundo lugar, la columna integra diferentes voces -incluso la de las propias narradoras- para esbozar el retrato de cada una. También se reproducen fragmentos relevantes de sus obras.

